Alguna vez me he quejado por el hecho de que para muchos jóvenes (por “joven” entiéndase a los nacidos en los 80 y después) el término Gran Hermano no le sugiere otra cosa más que un vulgar programa de televisión. Creo que muy pocos saben que el programa toma el título de una novela de George Orwell llamada Big Brother, cuya traducción más correcta habría sido, por cierto, El hermano mayor.
A la ignorancia sistemática promovida por la ESO se une la prostitución que Telecinco hace del título al referirse continuamente a los concursantes como “grandes hermanos”. Pero, en cualquier caso, no es ésta la única paradoja que rodea a la obra de Orwell. Desde su publicación, en 1948, los críticos con Estados Unidos (y defensores de la URSS hasta que cayó en 1989) hicieron de 1984 su libro de cabecera, sin darse cuenta de que Orwell estaba caricaturizando al régimen de Moscú. Ya lo hizo en Rebelión en la granja y en Homenaje a Cataluña, pero ya se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere oír (o no quiere leer, o no sabe leer).Sin embargo, no hay nada tan aterrador como la maldición que se esconde detrás de GH: aquél que participa en el programa de Telecinco corre serio riesgo de morir en accidente.
Veamos un Top 5 concursantes que han sufrido la maldición en sus propias carnes:
- Gustavo. Un forzudo caradura que se hacía pasar por boxeador (ya se sabe, rollo “hombre curtido
en barrio proletario”, “novela negra”, etc.) aunque no era más que un stripper de segunda categoría. Hizo las delicias de los televidentes de GH 4 y luego se dedicó a trabajar como “periodista” en debates moderados por el prócer Sardá. El pasado viernes, viajaba de Madrid a Irún en esa bala que es el Tren Estrella, orgullo patriótico y joya nacional del transporte. En la estación palentina de Venta de Baños el tren paró para enganchar más vagones, algo que Gustavo aprovechó para ir a la cafetería de la estación con un grupo de chicas que acababa de conocer. Estaban tan deseosos de discutir sobre el último libro de Saramago (suponemos) que en lugar de tomar el paso subterráneo decidieron cruzar directamente la vía del tren. Fue entonces cuando un tren arrolló a Gustavo y a una de las chicas. Ambos murieron.
en barrio proletario”, “novela negra”, etc.) aunque no era más que un stripper de segunda categoría. Hizo las delicias de los televidentes de GH 4 y luego se dedicó a trabajar como “periodista” en debates moderados por el prócer Sardá. El pasado viernes, viajaba de Madrid a Irún en esa bala que es el Tren Estrella, orgullo patriótico y joya nacional del transporte. En la estación palentina de Venta de Baños el tren paró para enganchar más vagones, algo que Gustavo aprovechó para ir a la cafetería de la estación con un grupo de chicas que acababa de conocer. Estaban tan deseosos de discutir sobre el último libro de Saramago (suponemos) que en lugar de tomar el paso subterráneo decidieron cruzar directamente la vía del tren. Fue entonces cuando un tren arrolló a Gustavo y a una de las chicas. Ambos murieron.- Ismael. Explotando al máximo el estereotipo de gaditano gracioso, logró convencer a millones de telespectado
res que votaron por teléfono en la primera edición del programa. Pero el chaval tenía ciertos escrúpulos y no tragó toda la mierda que le exigía Sardá y compañía, así que quedó relegado a un segundo plano mientras los vaivenes del dúo Jorge-María José (el ex militar loco zaragozano y la prostituta retirada de Sevilla) acaparaban toda la atención de las marujas carpetovetónicas. Cuando parecía que ya nadie se acordaría de él, se supo que se había hostiado con la moto en una calle de Madrid. El chaval llegó a ver el túnel ese de luz blanca pero finalmente se quedó en este mundo para cumplir dos misiones que el destino le había encomendado: presentar en Canal Sur un programa de inocentadas grabado en Argentina, y sacar el disco Para ti (¿se refiere a su madre, muy probablemente su única compradora?) con una banda de rock que se hacía llamar 1+. Después de aquello, Ismael volvió al anonimato.
res que votaron por teléfono en la primera edición del programa. Pero el chaval tenía ciertos escrúpulos y no tragó toda la mierda que le exigía Sardá y compañía, así que quedó relegado a un segundo plano mientras los vaivenes del dúo Jorge-María José (el ex militar loco zaragozano y la prostituta retirada de Sevilla) acaparaban toda la atención de las marujas carpetovetónicas. Cuando parecía que ya nadie se acordaría de él, se supo que se había hostiado con la moto en una calle de Madrid. El chaval llegó a ver el túnel ese de luz blanca pero finalmente se quedó en este mundo para cumplir dos misiones que el destino le había encomendado: presentar en Canal Sur un programa de inocentadas grabado en Argentina, y sacar el disco Para ti (¿se refiere a su madre, muy probablemente su única compradora?) con una banda de rock que se hacía llamar 1+. Después de aquello, Ismael volvió al anonimato.- Raquel. Decidida a abandonar su trabajo como soldadora, Raquel llegó a GH 3 con un plan perfectamente calculado para hacerse
“famosa”. Nada más entrar en la casa se dedicó a pelearse con los demás para lograr que la nominaran, primero, y la expulsaran, después. Al ser la primera expulsada del concurso aprovechó para visitar foros tan ilustrados como Crónicas Marcianas y ganarse, merced a su formación humanística y a sus conocimientos filosóficos (“lo mío es la filosofía analítica, en la línea del primer Wittgenstein”, según palabras que Arbusto le atribuye) un puesto como “periodista” o “colaboradora” en programas de María Teresa Campos y similares. Para engordar aún más su cuenta bancaria, decidió hacer de su lesbianismo un medio de vida, en el sentido estricto de la palabra. Autodenominada portavoz del colectivo gay (siempre detrás del omnipresente Pedro Cacerolo), tuvo un accidente de coche mientras viajaba con Noemí, su pareja de entonces y también participante de GH. Raquel estuvo en coma y casi la palma, aunque pudo salir con vida tras una intervención quirúrgica de cinco horas. Le quedaron bastantes secuelas, eso sí.
“famosa”. Nada más entrar en la casa se dedicó a pelearse con los demás para lograr que la nominaran, primero, y la expulsaran, después. Al ser la primera expulsada del concurso aprovechó para visitar foros tan ilustrados como Crónicas Marcianas y ganarse, merced a su formación humanística y a sus conocimientos filosóficos (“lo mío es la filosofía analítica, en la línea del primer Wittgenstein”, según palabras que Arbusto le atribuye) un puesto como “periodista” o “colaboradora” en programas de María Teresa Campos y similares. Para engordar aún más su cuenta bancaria, decidió hacer de su lesbianismo un medio de vida, en el sentido estricto de la palabra. Autodenominada portavoz del colectivo gay (siempre detrás del omnipresente Pedro Cacerolo), tuvo un accidente de coche mientras viajaba con Noemí, su pareja de entonces y también participante de GH. Raquel estuvo en coma y casi la palma, aunque pudo salir con vida tras una intervención quirúrgica de cinco horas. Le quedaron bastantes secuelas, eso sí.- Noemí. Como ya he dicho, participó en GH 3, fue pareja de Raquel y casi muere en la carretera.
- Carlos. En realidad no fue participante de GH, sino de La casa de tu vida, pero este reality no deja de ser una variación del primero (y además, me viene bien para completar mi post, qué cojones). Si el “experimento sociológico” de GH consistía (supuestamente) en ver como interactuaban 12 personas en condiciones extremas (alimentos racionados, v
aquitas que ordeñar, etc.), en La casa el tema consistía en que siete parejas construían una vivienda que finalmente iría a parar al dúo vencedor. En pocas palabras: un pretexto más de Telecinco para encerrar a unos aspirantes a famosetes dispuestos a vender su alma al diablo por cuatro duros. El tal Carlos llegó con su novia Susana y, cuando fueron expulsaron, se dedicaron a airear trapos sucios en A tu lado y otros programas de igual ralea. Su novia le acusaba de haber sido un yonkarra y le decía, a modo de leitmotiv wagneriano, algo así como “tú me debes todo lo que tienes. Yo te salvé”. Cuando el rollo ex drogadicto perdió fuelle, Susana decidió entonces acusarlo públicamente de ser un maltratador. No se sabe si tanta tensión acabó por destruirle los nervios, pero el caso es que Carlos la espichó al estrellar su coche mientras viajaba hacia Madrid para participar en el enésimo debate basura de Telecinco.
aquitas que ordeñar, etc.), en La casa el tema consistía en que siete parejas construían una vivienda que finalmente iría a parar al dúo vencedor. En pocas palabras: un pretexto más de Telecinco para encerrar a unos aspirantes a famosetes dispuestos a vender su alma al diablo por cuatro duros. El tal Carlos llegó con su novia Susana y, cuando fueron expulsaron, se dedicaron a airear trapos sucios en A tu lado y otros programas de igual ralea. Su novia le acusaba de haber sido un yonkarra y le decía, a modo de leitmotiv wagneriano, algo así como “tú me debes todo lo que tienes. Yo te salvé”. Cuando el rollo ex drogadicto perdió fuelle, Susana decidió entonces acusarlo públicamente de ser un maltratador. No se sabe si tanta tensión acabó por destruirle los nervios, pero el caso es que Carlos la espichó al estrellar su coche mientras viajaba hacia Madrid para participar en el enésimo debate basura de Telecinco.Enviado por Maria "Charadas" http://arbustoguerrero.blogspot.com/2006_07_01_archive.html
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